Llegan las fiestas, las reuniones familiares y esa mesa llena de comida deliciosa. Pero este año es diferente: vas a pasar la Navidad embarazada. Y de repente, lo que debería ser disfrute se convierte en un campo de minas: «¿Puedo comer este paté?», «¿Ese queso está pasteurizado?», «¿Me sentará mal este frito?».
Si sientes que todo el mundo opina sobre tu plato o tienes miedo a «hacerlo mal» y dañar al bebé, quiero que respires hondo.
Como nutricionista especializada en embarazo, te digo algo claro: La Navidad no es un examen. No necesitas «controlarlo todo», necesitas herramientas para navegar estas fechas con seguridad. Aquí tienes una guía completa (y sin juicios) para que tu única preocupación sea disfrutar.
1. Hidratación: tu mejor aliada contra el cansancio
Con el ajetreo y el frío, es fácil olvidarse de beber. Pero cuando estás embarazada, la deshidratación leve te pasa factura rápido: dolor de cabeza, fatiga o mareos.
El truco Wabi Sabi: No te aburras bebiendo agua sola mientras los demás brindan.
- Hazlo especial: Pídete una copa bonita, pon agua con gas, mucho hielo y una rodaja de limón o frutos rojos.
- Visualmente te sentirás integrada en el brindis y te mantendrás hidratada casi sin darte cuenta.
2. Sal y retención de líquidos: evita el «efecto globo»
Sabemos que los canapés y los caldos navideños van cargados de sal. Si ya notas que por las tardes tus tobillos desaparecen o los anillos te aprietan, el exceso de sodio puede empeorar esa sensación de pesadez e hinchazón.
Cómo gestionarlo: No hace falta que comas soso, en el embarazo no debemos eliminar la sal, pero intenta cuidar la que aportan los productos procesados y los platos preparados. Si hay patatas fritas de bolsa y aceitunas, intercala con opciones frescas. Tu circulación te lo agradecerá al día siguiente.
3. El seguro de vida: tu base vegetal
Más allá de obsesionarte con las 5 raciones al día, piensa en las verduras y frutas como tu «seguro de saciedad«. Aportan esa fibra necesaria para que el tránsito intestinal (que suele ir lento en el embarazo) no se atasque.
La estrategia: Antes de lanzarte a los platos más pesados, asegúrate de que en tu plato haya algo de color vegetal (una ensalada, unas crudités, una crema de verduras). Esto calmará tu hambre inicial y te nutrirá de verdad.
4. Pescado: sí, pero elige bien
El pescado es maravilloso para el desarrollo cerebral de tu bebé gracias al Omega-3, pero entiendo el miedo al mercurio.
Semáforo del pescado navideño:
- ✅ Luz verde (Seguros): Dorada al horno, lubina, merluza, salmón (siempre bien cocinado), langostinos cocidos y resto de marisco (sin chupar las cabezas), rodaballo, besugo.
- ❌ Luz roja (Evitar): Atún rojo, pez espada/emperador, tiburón o lucio (por el mercurio) y cualquier pescado/marisco crudo o ahumado sin cocinar (por la listeria/anisakis).
5. Digestiones a prueba de fiestas
Tu estómago tiene menos espacio y la progesterona hace que todo vaya más lento. Las comidas copiosas o muy grasientas (fritos, salsas pesadas) son el billete directo al ardor y al reflujo nocturno.
Cómo evitar el fuego en el pecho:
- Prioriza preparaciones al horno o plancha frente a los fritos.
- Mastica despacio. Parece un consejo de abuela, pero es la herramienta nº1 contra los gases.
- La regla de oro: Intenta no acostarte justo después de cenar. Deja pasar al menos 2 horas o da un pequeño paseo antes de ir a la cama para ayudar a que la comida baje.
6. Seguridad alimentaria: las sobras
Aquí es donde nos ponemos serias, porque la seguridad es innegociable. Las sobras de Navidad son deliciosas, pero son un caldo de cultivo para bacterias si no se cuidan.
El protocolo de seguridad:
- Refrigeración rápida: No dejes la comida en la mesa de sobremesa con vosotros durante horas. Máximo 2 horas a temperatura ambiente ahora en invierno.
- Recalentado: Si vas a comer sobras, caliéntalas hasta que humeen (más de 70ºC). El microondas a veces calienta desigual, así que remueve bien y asegúrate de que queme. Si tienes dudas, mejor deséchalo.
7. Límites con la familia (y contigo misma)
A veces, lo más indigesto de la Navidad embarazada no es la comida, son los comentarios: «¿Seguro que puedes comer eso?», «Comes muy poco para estar embarazada», «Aprovecha ahora que luego no podrás».
Tu mantra de defensa: No tienes que dar explicaciones ni educar a nadie en medio de la cena.
- «Gracias por preocuparte, pero mi nutricionista me ha dado las pautas y estoy tranquila».
- Y recuerda: una comida «imperfecta» no anula todo tu cuidado. Si te comes un turrón, disfrútalo. La culpa es mucho más tóxica para tu embarazo que el azúcar.
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