Estás en una comida familiar, hay una tabla de jamón, chorizo y salchichón en el centro de la mesa, y todo el mundo está picoteando menos tú, porque no tienes claro si los embutidos en el embarazo son seguros o no. Tu cuñada te mira y te dice: «ay, es verdad, tú no puedes comer eso ahora». Y ahí te quedas, con el pan en la mano, sintiéndote un poco excluida de tu propia comida familiar.
Si te ha pasado esto, te entiendo perfectamente. Los embutidos en el embarazo son una de las dudas que más me repiten en consulta, y no es para menos: en España forman parte de nuestra cultura gastronómica de una forma que en pocos sitios se entiende igual. Cuesta imaginarse nueve meses sin un poco de jamón.
Como nutricionista especializada en embarazo, hoy quiero contarte exactamente qué embutidos son un problema, cuáles no, qué pasa con lo de congelarlos y cómo puedes seguir disfrutando del sabor sin sustos. Con información real, no con la versión resumida que te dan en la consulta de 10 minutos.
📖 Por cierto, si te preocupa no estar cubriendo bien tus necesidades de hierro ahora que comes menos embutido, te cuento todo en hierro en el embarazo.
¿Por qué los embutidos crudos no son seguros en el embarazo?
Vamos a lo importante primero: por poder, se puede comer cualquier cosa —no existe una policía de embarazadas vigilando tu plato—, pero los embutidos crudos o curados no son totalmente seguros durante el embarazo.
El proceso de curado de los embutidos no garantiza que se eliminen por completo los parásitos responsables de la toxoplasmosis. Sí se reduce el riesgo con la curación, pero no se elimina. Por eso, en las recomendaciones oficiales sobre alimentación durante el embarazo, los embutidos crudos o curados están en la lista de alimentos a evitar.
Estos pueden contener dos patógenos que quieres evitar mientras estás embarazada.
Toxoplasmosis: el parásito que preocupa
El Toxoplasma gondii es un parásito que puede estar presente en la carne cruda o poco curada. En un adulto sano, una infección por toxoplasmosis suele pasar casi desapercibida. El problema es que, si te infectas por primera vez durante el embarazo, sí puede afectar al desarrollo del bebé.
Listeria: la bacteria que resiste el frío
La Listeria monocytogenes es la otra protagonista, y es la razón por la que este tema es un poco más complicado de lo que parece: la listeria sobrevive perfectamente en el frigorífico e incluso en el congelador. Por eso el truco de meter el jamón en el congelador no resuelve el problema del todo, y te lo explico en el siguiente punto porque sé que es una de las dudas que más repetís.

El mito de congelar el jamón para que sea seguro durante el embarazo
⚠️ Si has llegado hasta aquí buscando cuánto tiempo hay que congelar el jamón para poder comerlo, siento decirte que congelar el embutido no lo hace seguro frente a la listeria. La congelación doméstica puede reducir (que no eliminar) el riesgo de toxoplasma tras varias semanas a temperaturas muy bajas y constantes, algo difícil de garantizar en un congelador normal de casa. Pero frente a la listeria, no sirve de nada: esta bacteria aguanta tanto el frío del frigorífico como el del congelador sin problema.
Así que, aunque es un consejo que corre mucho de boca en boca, congelar no convierte un embutido crudo en un embutido seguro para el embarazo. La única forma real de eliminar ambos riesgos es la cocción: el calor sí los destruye.
Y en cuanto al efecto de la curación para ambos patógenos, es cierto que a más curación, menos probabilidad de presencia de patógenos, pero ojo, siempre hablando de piezas enteras. Una vez entra en juego el loncheado, las condiciones que tenía la pieza cambian (humedad, temperatura) y por tanto, aumentan las probabilidades de que pueda contaminarse en el proceso.
¿Y los fiambres como el jamón cocido o el pavo?
Aquí hay un matiz importante que mucha gente se salta: el jamón cocido, el pavo en lonchas o la mortadela no tienen el riesgo de toxoplasmosis del embutido curado, porque ya han sido cocinados en su elaboración. Pero siguen pudiendo ser un vehículo de listeria (por sus condiciones de humedad y su necesidad de mantenerse refrigerados), sobre todo durante su manipulación, especialmente en el loncheado.
Por eso, con los fiambres cocidos, mi recomendación es que lo calientes antes de comerlo (plancha, horno, air fryer). Eso elimina el riesgo de listeria.

Entonces, ¿Qué embutidos sí puedes comer tranquila durante el embarazo?
Esta es la parte que más me gusta contar, porque la lista es más larga de lo que crees:
| Categoría | Ejemplos |
|---|---|
| ✅ Tranquila, sin cocinar | Preferiblemente ninguno, siempre previo toque de sartén |
| ⚠️ Solo cocinados | Jamón serrano, chorizo, salchichón, fuet, lomo, cecina, sobrasada |
| ✅ Cualquier embutido, si está cocinado | Pizza con jamón o chorizo, guisos, croquetas, bocadillo a la plancha, revueltos |
Así que no, no tienes que renunciar al sabor del jamón o el chorizo durante nueve meses. Solo tienes que cambiar la forma en la que lo tomas. Una pizza con chorizo, un guiso con jamón, unas croquetas, un bocadillo de jamón cocido pasado por la plancha… siguen siendo perfectamente válidos.
Resumen: lo que necesitas llevarte de este artículo
- Los embutidos curados o crudos (jamón serrano, chorizo, salchichón, fuet, lomo, cecina) no son seguros en el embarazo, por riesgo de toxoplasmosis y listeria.
- Congelar no los hace seguros. La listeria resiste el frío, así que ese «truco» no elimina el riesgo.
- Cocinarlos sí los hace seguros. El calor elimina tanto el parásito como la bacteria.
- Los fiambres cocidos (jamón de york, pavo, mortadela) conviene calentarlos previo consumo.
- No tienes que renunciar al sabor: pizza, guisos, croquetas y bocadillos a la plancha siguen siendo tu terreno seguro.
¿Te cuesta saber qué es seguro y qué no en cada comida?
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